15 feb 2012

León Trotski

Lev Davidovich Bronstein: (Yanovka, Ucrania, 7 de noviembre de 1879 - Coyoacán, México, 21de agosto de 1940) más conocido como León Trotski, fue un político y revolucionario ruso de orígen Judío.
Trotski fue uno de los organizadores clave de la revolución de octubre, que permitió a los bolcheviques tomar el poder en noviembre de 1917 en Rusia.

15 dic 2011

La guerra civil y el comunismo de guerra

El establecimiento del nuevo régimen no fue una tarea sencilla. Rusia se vio envuelta en una guerra civil en la que el gobierno de Lenin tuvo que defenderse de una coalición nacional e internacional antibolchevique. En parte por necesidad, en parte por convicción ideológica, el gobierno de Lenin aplicó una nueva política económica: el “comunismo de guerra”. En medio de la guerra civil se inició una transformación radical de la economía y la sociedad rusas.

Inmediatamente después de llegar al poder, el gobierno comunista tuvo que hacer frente a un ataque militar generalizado. Tres fuerzas principales se enfrentaron al gobierno de Moscú, la nueva capital del país:

1)El Ejército Blanco: una abigarrada coalición de todos los opositores al bolchevismo en la que predominaron diversos generales zaristas.
2)Fuerzas de la Entente (británicas, francesas, norteamericanas, japonesas) enviadas con la esperanza de derrocar a los comunistas y conseguir que Rusia volviera a la lucha contra los Imperios Centrales. Aunque mandaron pequeños ejércitos expedicionarios, la intervención extranjera se basó en la ayuda a los “generales blancos”.
3)Fuerzas del recién creado estado polaco que se enfrentaron al nuevo estado soviético en la guerra ruso-polaca (1918-1921).

El gobierno bolchevique tuvo que tomar medidas extraordinarias. León Trotsky se puso al frente del Ejército Rojo, al que consiguió organizar con férrea disciplina. En adelante, el ejército y la Checa emprendieron la destrucción sistemática del enemigo.

A la vez que en Rusia estallaba la guerra civil, la guerra mundial entraba en su última fase. Para hacer frente al conflicto interno, Lenin tuvo que plegarse a los Imperios Centrales. En marzo de 1918, firmó la Paz de Brest-Litovsk que certificaba la pérdida de importantes territorios del antiguo imperio zarista.

Alemania y sus aliados no pudieron disfrutar por mucho tiempo de su victoria en el frente oriental. Las ofensivas franco-británicas y estadounidenses en el frente occidental llevaron en noviembre de 1918 a la derrota de los Imperios Centrales.

Acabada la Gran Guerra, las fuerzas expedicionarias extranjeras enviadas a Rusia retornaron a sus países. En adelante, el Ejército Rojo centró todas sus energías en derrotar a un Ejército Blanco, desorganizado y minado por las divisiones internas. Finalmente, en 1921, los comunistas, que en algún momento solo controlaron la región en torno a Moscú, pudieron proclamar su triunfo en la guerra civil. Al año siguiente nacía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), nuevo estado dirigido por el Partido Comunista.

Durante la guerra, los bolcheviques aplicaron un nuevo modelo económico que surgió de las necesidades bélicas y de sus propias convicciones ideológicas. Poco después de iniciada la Guerra Civil y la invasión extranjera, se instauró el “comunismo de guerra” (1918-1921). En medio del marasmo económico causado por la Primera Guerra Mundial, la Revolución y el conflicto entre “rojos” y “blancos”, el objetivo del “comunismo de guerra” no era otro que el de asegurar que unos mínimos de producción agrícola e industrial llegarían a las empresas y los consumidores urbanos. Se trataba, simplemente, de la supervivencia del nuevo régimen y no de una estrategia económica deliberada. Ahora bien, el “comunismo de guerra” no dejaba de expresar los prejuicios del bolchevismo frente a la economía de mercado y a la propiedad privada.

En la agricultura, el “comunismo de guerra” consistió básicamente en la requisa de alimentos a los campesinos para abastecer al Ejército Rojo y a las ciudades. El sector industrial fue nacionalizado en su mayor parte y sometido a estrictas regulaciones por parte de organismo estatales no muy distintos de los creados durante la Primera Guerra Mundial. La inflación se disparó espectacularmente: el nivel de precios llegaría a ser 16.800 veces mayor que en 1914. El dinero desapareció como instrumento de los intercambios a favor del racionamiento y el trueque.

En medio de esta situación caótica, el nuevo régimen introdujo una serie de importantes reformas sociales. Alexandra Kollontai, Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública, promovió la construcción de “palacios para la protección de la maternidad y los niños”. Entre 1918 y 1920, el gobierno de Lenin aprobó el matrimonio civil, legalizó el divorcio y permitió la interrupción del embarazo. Kollontai promovió la creación de una agencia, la Zhenotdel, el primer organismo gubernamental para la situación femenina de la historia, que envió delegados a todas las regiones de Rusia explicando el nuevo orden social. A menudo, especialmente en las zonas más atrasadas, los miembros de la agencia fueron brutalmente asesinados por hombres indignados que se negaban a aceptar cualquier tipo de liberación de sus mujeres e hijas.

Otro aspecto destacado de la política social comunista fue la activa campaña de alfabetización iniciada por la Comisión Extraordinaria para la Liquidación del Analfabetismo. Para entender la labor de esta Comisión hay que tener en cuenta que, al empezar la primera guerra mundial, sólo la mitad de los niños entre 8 y 12 años asistían a la escuela. Este fue, sin duda, uno de los grandes logros de la revolución.

El primer acto de la revolución: marzo de 1917

En marzo de 1917, febrero en el antiguo calendario juliano, las protestas espontáneas de la población de Petrogrado (la actual San Petersburgo), nueva denominación de la ciudad de San Petersburgo, derivaron en una insurrección revolucionaria. En muy pocos días la autocracia zarista se derrumbó. Dos poderes contrapuestos: el gobierno provisional liberal burgués y los Soviets de obreros y soldados pugnarán por el poder en los meses posteriores. Mientras, la tragedia de la guerra mundial seguía golpeando al pueblo ruso.

La miseria y la falta de alimentos en el duro invierno ruso desencadenaron una serie de huelgas espontáneas en las fábricas de Petrogrado. El 12 de marzo las tropas enviadas a reprimir las protestas 
confraternizaron con los huelguistas. En tres días, del 12 al 15 de marzo, tres acontecimientos marcaron el fin del zarismo:

1) La Duma o Parlamento nombró un Gobierno Provisional encargado de convocar elecciones a una Asamblea Constituyente.
2)En Petrogrado se constituyó un Soviet de Trabajadores y Soldados controlado por los partidos obreros (mencheviques, bolcheviques y socialistas revolucionarios)
3)El zar Nicolás II abdicó en su hermano Miguel, quién rechazó el trono. La dinastía Romanov llegaba a su fin y se proclamaba la República.

Durante los seis meses siguientes, Rusia vivió una situación de “doble poder”. Dos instituciones pugnaron por dominar una situación caótica marcada por la guerra, la crisis económica y el derrumbamiento de las instituciones políticas.

Por un lado, el Gobierno provisional controlado por los liberales moderados con el Partido Cadete como principal apoyo. Este gobierno estableció las libertades políticas, pero decidió esperar a que la Asamblea Constituyente que debía elegirse abordara las cuestiones de mayor importancia. Por otro lado, los Soviets que surgieron por toda Rusia y que estaban dominados por los mencheviques y los socialistas revolucionarios. Aunque tenían un gran apoyo popular, los mencheviques renunciaron a tomar el poder. Dudaban de que Rusia estuviera madura para emprender una revolución social radical.

Rápidamente se vio que este sistema de poder dual funcionaba de una manera contradictoria e inefectiva. Mientras que el Gobierno Provisional proclamaba su intención de mantener a Rusia en la guerra contra los Imperios Centrales, los Soviets emitían su primera ley, orden número 1, que afirmaba que los soldados solo tenían que obedecer a sus oficiales cuando sus órdenes coincidieran con las directrices de los Soviets.

La guerra continuaba y los desastres y privaciones que padecía el pueblo ruso fueron minando la fortaleza de las posturas más moderadas. Llegaba el tiempo de los extremistas.

Hacia mediados de julio, los soldados, hartos de una guerra que parecía no tener fin, empezaron a desertar masivamente. El frente ruso se desmoronó. Al mismo tiempo los campesinos ocupaban la tierra de los terratenientes, los obreros comenzaban a tomar el control de algunas fábricas y, en medio del general desconcierto, las nacionalidades no rusas (polacos, lituanos, estonios, ucranios…) pugnaban por liberarse del dominio ruso.
El gobierno provisional quedó en manos de Alexander Kerensky, un socialista revolucionario que mantuvo su compromiso con la Entente en la guerra.

Sólo los bolcheviques parecían tener respuesta a la crisis general. Su eslogan era muy simple: “Paz, Tierra y Pan”. Una minoría disciplinada y organizada consiguió tomar la iniciativa mientras las opciones más moderadas y los nostálgicos del zarismo fracasaban en su búsqueda del poder.

El Imperio Zarista: la difícil modernización de una autocracia

La autocracia zarista gobernaba un enorme país atrasado en el que la industrialización solo había alcanzado a algunos núcleos urbanos. La ineficacia de la monarquía absoluta se reflejó de forma abrupta cuando, ante la sorpresa de todo el mundo, Japón derrotó, en 1905, a la que aún se consideraba una gran potencia europea. Ese mismo año, una revolución fallida sacudió los cimientos del régimen zarista y puso en evidencia la inestabilidad de las bases en que se sustentaba.

En 1914 el imperio zarista era una gran potencia que se extendía por veintidós millones de kilómetros cuadrados a lo largo de Europa y Asia y contaba con ciento setenta millones de habitantes.

Desde 1905, Rusia vivió importantes transformaciones económicas. Aunque los campesinos analfabetos seguían siendo la mayoría de la población del imperio, las reformas de Sergei Witte, ministro del zar Nicolás II, favorecieron una intensa industrialización en unos pocos núcleos industriales urbanos y el nacimiento de un proletariado pobre y combativo.
 Esta sociedad en transformación chocaba con una autocracia en la que el poder absoluto del Zar se sustentaba en la todopoderosa Ojrana, la policía política.

Diversos grupos clandestinos luchaban contra la monarquía rusa. Entre ellos, destacaba un pequeño grupo de marxistas revolucionarios dirigidos por Lenin, seudónimo de Vladimir Illich Uliánov. Conocidos como los bolcheviques, representaban una facción del Partido Socialdemócrata Ruso en la que confluía una visión radical de marxismo con la disciplina propia de una organización clandestina

En ese contexto, la guerra mundial fue especialmente dañina para Rusia. En un país atrasado, el esfuerzo bélico (a mediados de 1915 los rusos habían sufrido más de dos millones de bajas) y la escasez de alimentos y combustible derrumbaron la moral de guerra de la población. Rusia se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para la agitación revolucionaria. 

Al descontento social, se le unió la impopularidad del zar Nicolás II, que se había puesto personalmente al frente del ejército ruso y que era considerado por la población como el responsable máximo de la catástrofe de la guerra.

La situación terminó por estallar en marzo de 1917.